No es que la computación se nos haya ido a las nubes porque el valor de la conectividad sea tan cara en Chile. Es que el concepto de "cloud computing" o la nube de la computación está cada vez más encima de nosotros.
La promesa es que ya no necesitaremos tener instalados grandes software en nuestros equipos ni grandes bases de datos. Solo nos bastará con tener un equipo que corra las aplicaciones para que todo lo que necesitemos funcione "de maravilla", al menos eso prometen. Y podremos ir a buscar "a las nubes" todos aquellos servicios que hoy están repartidos por distintas plataformas así como las pesadas bases de datos.
Pero como no todo es tan maravilloso ya existen detractores de esta nueva genialidad. Ellos nos advierten que cada vez más nos estamos amarrando a los proveedores de estos servicios y dueños de estas arquitecturas, quienes de paso administrarán nuestros datos y los controlarán.
Todo esto sigue dando en la razón a las discusiones en torno a si efectivamente a partir de la segunda mitad del siglo XX estamos frente a la sociedad orweliana (Ver "1984", novela escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949), en la que la omnipresencia y la vigilancia del "Gran Hemano" está dada por el uso de quienes detectan las TI.
Como corolario, si hoy en día de cuando en vez la policía detiene a "sujetos" que trafican con nuestra información vendiendo nuestras bases de datos a diestra y siniestra, nos preguntamos: ¿Habrá alguna persona que podría garantizarnos que cada uno de nuestros actos que sean gestionados en la maravillosa y paradigmática "nube" no van a ser usados sin nuestro consentimiento?
Al parecer mientras sean humanos los que gestionen la "nube", nadie puede garantizarlo.


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